¿Delincuente o Víctima? El Adolescente Infractor y su Entorno Social

¿Delincuente o Víctima? El Adolescente Infractor y su Entorno Social

En los últimos años, la presencia de adolescentes involucrados en actos delictivos ha generado alarma social y respuestas punitivas desde el sistema judicial. Sin embargo, esta reacción muchas veces omite una pregunta fundamental: ¿son estos jóvenes verdaderamente delincuentes por naturaleza o son, en realidad, víctimas de su entorno?

Este articulo  propone una reflexión crítica sobre la situación de los adolescentes infractores, partiendo de la premisa de que la gran mayoría de ellos son víctimas de condiciones sociales adversas que los arrastran al delito. Comprender esto es el primer paso hacia soluciones más humanas y efectivas.

La adolescencia es una etapa de desarrollo en la que la identidad, los valores y la conducta aún están en construcción. En este proceso, el entorno cumple un papel determinante.

Diversos estudios sociológicos han demostrado que los adolescentes infractores suelen provenir de contextos marcados por la pobreza, la marginalidad, la violencia familiar, el abandono y la falta de acceso a derechos básicos como la educación y la salud.

En muchos casos, estos jóvenes crecen en hogares disfuncionales, donde la figura paterna o materna está ausente, o incluso donde son víctimas de violencia física y emocional. Sin una base afectiva sólida ni límites claros, es más fácil que busquen contención y pertenencia en pandillas u otros grupos delictivos, donde encuentran lo que no tienen en casa: atención, respeto e incluso una forma distorsionada de seguridad.

A esto se suma la exclusión del sistema educativo. Muchos adolescentes abandonan la escuela porque no encuentran en ella un espacio acogedor ni adaptado a su realidad. Son etiquetados como “problemáticos” y expulsados del sistema, lo que los deja sin herramientas para construir un futuro diferente. La escuela, en lugar de ser una vía de transformación, muchas veces actúa como otro agente de exclusión.

El entorno social también juega un rol clave. Las comunidades marcadas por la desigualdad, la falta de espacios culturales o deportivos y la alta presencia de drogas o violencia ofrecen escasas alternativas a los adolescentes. En estos escenarios, delinquir puede parecer una de las pocas formas de sobrevivir o ascender socialmente.

Además, el sistema judicial suele tratar al menor infractor con una lógica punitiva, sin considerar su historia personal ni su potencial de cambio. Lejos de reinsertarlos, muchos procesos judiciales terminan reforzando su estigmatización. El encierro en centros de menores muchas veces los expone a más violencia, lo que dificulta aún más su reintegración social

 

Reducir al adolescente infractor al rótulo de “delincuente” es una mirada limitada y superficial. Muchos de estos jóvenes no han tenido acceso a los derechos y oportunidades que forman a un ciudadano. Han sido víctimas de un entorno hostil que les ha negado herramientas para desarrollarse plenamente. La solución al problema de la delincuencia juvenil no pasa únicamente por castigar, sino por prevenir, acompañar y reparar. Es imprescindible fortalecer las políticas sociales, garantizar el acceso a una educación inclusiva, apoyar a las familias vulnerables y ofrecer alternativas reales a los jóvenes. Solo así podremos construir una sociedad más justa, donde los adolescentes sean reconocidos no como amenazas, sino como sujetos de derechos y oportunidades.

Desde nuestro punto de vista, es urgente cambiar la mirada que la sociedad tiene sobre los adolescentes infractores. En lugar de juzgarlos de manera inmediata, debemos preguntarnos qué falló antes, qué señales se ignoraron, qué derechos no se garantizaron. Creemos firmemente que ningún joven nace siendo delincuente: son las circunstancias las que muchas veces los empujan a ese camino.

Ahora bien, la pregunta que queda abierta es:  ¿Estamos dispuestos como sociedad a mirar más allá del delito y ver a la persona que hay detrás? ¿O seguiremos respondiendo con castigos sin atender las causas profundas? Pensar en esto no solo es necesario, es urgente. Porque lo que está en juego no es solo el futuro de estos adolescentes, sino el de todos.

 

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